¿Se puede aprender a ser flexible?

julio 8, 2025
Redacción: Carlos Caballero

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En el mercado laboral actual, una de las cualidades más valoradas es la flexibilidad. Los profesionales capaces de adaptarse a retos cambiantes, identificar cuándo algo ha quedado obsoleto y aprender cosas nuevas son altamente demandados. En pocas palabras, la capacidad de cambiar y reinventarse se ha convertido en algo esencial.

Pero, aunque se repite mucho que la flexibilidad es importante, surge una pregunta clave: ¿qué significa realmente ser flexible?

La flexibilidad no es solo una actitud; es un proceso psicológico esencial, profundamente ligado a nuestra capacidad de adaptación, atención, evaluación e interpretación de la información. Es lo que nos permite ajustar nuestras estrategias mentales y conductuales cuando las cosas cambian de repente.

Una persona flexible es capaz de hacer dos cosas fundamentales:

• Detectar cuando las condiciones o el contexto han cambiado.

• Interrumpir respuestas automáticas y sustituirlas por nuevas estrategias ajustadas a la situación actual.

El segundo punto es muy importante. Muchas veces, después de años de perfeccionar ciertas formas de resolver problemas, nuestras respuestas se automatizan. Esto es eficiente en contextos conocidos, pero puede ser un obstáculo cuando las circunstancias cambian de forma repentina.

De hecho, estudios muestran que los expertos suelen experimentar un mayor grado de inflexibilidad cognitiva. Esto sucede porque la automatización de sus estrategias, tras años de éxito, puede generar una “ceguera” frente a las señales del entorno que indican que esas estrategias ya no son viables. Aquí es donde la verdadera flexibilidad cognitiva entra en juego: la capacidad de detener el piloto automático y rediseñar nuestro enfoque.

La buena noticia es que la flexibilidad cognitiva es una habilidad que se puede entrenar:

1.- Teniendo en cuenta otras ideas, perspectivas y opiniones. Entender un problema desde la perspectiva de otra persona te da un panorama nuevo que permite ver riesgos no detectados y soluciones fuera de nuestra lista usual.

2.- Mantener una actitud de apertura ante nuevas perspectivas y sin juzgar.

3.- Mantener aprendiendo cómo funcionan las cosas en diferentes lugares, en diferentes contextos y aprende de como tus pares solucionan sus incidencias.

4.- Sé crítico, objetivo y sincero contigo cuando una estrategia no está funcionando y mira porqué tu estrategia no está logrando llegar al objetivo.

5.- No pienses en una sola alternativa y haz listas de posibles soluciones

6.- Cambia deliberadamente la forma en que haces tareas rutinarias.

7.- Practica resolver problemas desde escenarios hipotéticos.

8.- Haz revisiones periódicas de tus métodos de trabajo.

9.- Exponte a entornos y roles fuera de tu zona de confort.

10.- Haz ejercicios de “cambio de perspectiva” deliberado, es decir, toma un problema y obsérvalo como si fueras otra persona.

En definitiva, la flexibilidad cognitiva es una de las habilidades más valiosas en el mundo corporativo. Los profesionales que son capaces de detener el piloto automático y adoptar estrategias que realmente respondan a las necesidades del momento se convierten en agentes de cambio dentro de sus organizaciones.

Ser honestos con nosotros mismos, reconocer cuándo una estrategia ha dejado de ser efectiva y no permitir que nuestra experiencia se convierta en una barrera, representan el primer paso para que nos veamos más atractivos y competitivos en el mercado laboral actual.